A lo largo de la historia, las flores han ido más allá de su función ornamental y se han convertido en un lenguaje simbólico con el que expresar emociones, ideas y sentimientos.
Este código, conocido como el lenguaje de las flores, tiene sus raíces en las civilizaciones antiguas. Muchos de los significados que hoy asociamos a determinadas especies proceden de la mitología griega y romana, donde las flores nacían a menudo de metamorfosis protagonizadas por dioses, ninfas o héroes.
Más adelante, en el siglo XIX, en pleno Romanticismo y durante la época victoriana, este lenguaje alcanza su máximo apogeo. En una sociedad marcada por estrictas convenciones sociales, regalar un ramo podía convertirse en una forma sutil de declarar amor, expresar amistad, pedir perdón o transmitir sentimientos que no podían decirse abiertamente. Los manuales de floriografía, muy populares durante este período, recogían los significados atribuidos a cada flor y permitían crear auténticos mensajes secretos a través de las composiciones florales.
Para acercarnos a este universo simbólico, nos hemos basado en uno de los manuales de referencia del siglo XIX, Le Langage des fleurs, publicado bajo el seudónimo de Charlotte de La Tour y atribuido al escritor Louis-Aimé Martin. Esta obra reúne los significados asociados a numerosas especies florales y nos permite comprender cómo, en aquella época, cada flor podía convertirse en una palabra dentro de un lenguaje silencioso.
La Colección Carmen Thyssen-Bornemisza conserva diversas obras en las que las flores adquieren un protagonismo especial. A través de estos ejemplos podremos explorar cómo diferentes artistas incorporaron el simbolismo floral a sus composiciones y descubrir cómo cada especie puede esconder un significado propio.
Un ramo lleno de mensajes: Jean-Baptiste Monnoyer
Un magnífico ejemplo es este ramo de Jean-Baptiste Monnoyer, titulado Ramo compuesto por anémonas coronarias, rosas de York y Lancaster, narcisos jonquilla, un jacinto, un tulipán y prímulas aurículas, atado con una cinta azul. Puede parecer simplemente un espléndido bodegón floral, pero en realidad esconde una lectura simbólica. Cada flor aporta un significado y, juntas, construyen una historia que los espectadores de los siglos XVII y XVIII estaban acostumbrados a descifrar.
Las anémonas simbolizan la fragilidad de la belleza y el abandono. Según la mitología, la ninfa Anémona despertó el amor de Céfiro, dios del viento. Flora, diosa de las flores y esposa de Céfiro, cegada por los celos, la transformó en una flor. Desde entonces, florece durante un breve período y sus delicados pétalos caen fácilmente con el viento. Por ello se convirtió en un símbolo de la belleza efímera, de aquello que es hermoso pero fugaz.
El jacinto también nace de un mito clásico. Apolo transformó al joven Jacinto en una flor tras su muerte durante un juego. Por este motivo, esta flor se relaciona con el recuerdo y la memoria, pero también con el origen lúdico de la leyenda.
Entre las flores del ramo también encontramos dos rosas de York y Lancaster, una variedad muy especial que combina tonalidades blancas y rosadas en una misma flor. Su nombre nos transporta a la célebre Guerra de las Dos Rosas, el conflicto que enfrentó a las casas de York y Lancaster en la Inglaterra del siglo XV, representadas tradicionalmente por una rosa blanca y una rosa roja. En el lenguaje de las flores, esta variedad puede evocar la reconciliación y la unión de los contrarios.
El mensaje se completa con el almizcle, asociado al deseo, y el tulipán, que en la tradición floral europea se convirtió en una declaración de amor.
Pero Monnoyer no es el único artista de la Colección Carmen Thyssen que nos habla a través de las flores…
Las flores como símbolo en otras obras de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
En Lilas, de Paul Gauguin, los delicados ramos de lilas evocan la juventud y la renovación. Su breve floración y su vínculo con la primavera convirtieron esta flor en un símbolo de los primeros años de la vida, de la frescura y de la belleza de los comienzos.
En Carro con peonías, de Emil Carlsen, las exuberantes peonías nos muestran una flor con múltiples interpretaciones. En muchas culturas asiáticas son símbolo de prosperidad, honor y buena fortuna, mientras que en algunos manuales europeos del lenguaje de las flores del siglo XIX podían asociarse a la vergüenza o la timidez. Esta diversidad de significados nos recuerda que el simbolismo floral depende a menudo del contexto cultural e histórico.
Las rosas protagonizan también Flores en un jarrón, de Durancamps. Pocas flores han acumulado tantos significados a lo largo de la historia como la rosa. Asociada tradicionalmente al amor y la pasión, su mensaje podía variar según el color y la composición del ramo. Su presencia en esta obra refuerza la idea de la belleza, el afecto y la emoción.
Por último, en Patio de la casa Sorolla, de Joaquín Sorolla, las flores forman parte de la atmósfera luminosa y vital del jardín. Aunque no siempre es posible identificar con precisión todas las especies representadas, la vegetación en flor contribuye a transmitir una sensación de serenidad, armonía y conexión con la naturaleza, tan característica de los jardines que inspiraron al artista.
Hoy en día ya no es habitual comunicarnos mediante ramos de flores, pero este lenguaje sigue despertando nuestra curiosidad. Descubrir el significado de las flores nos permite contemplar las obras de arte desde una nueva perspectiva y comprender que, a menudo, detrás de un simple ramo se esconde una historia llena de mitos, emociones y símbolos.
La próxima vez que observe un bodegón floral en un museo, deténgase un momento. Tal vez las flores tengan algo que contarle.



