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Flora López Castrillo, una gran referente del simbolismo español de inicios del s.XX

El artista simbolista, Flora López Castrillo, fue mucho más que la fiel discípula de Antonio Muñoz Degrain.

Alrededor de las últimas décadas del s. XIX, la presencia de mujeres artistas a exposiciones participativas y concursos iba en aumento, hecho que se los empezó a dar cierto criterio y validez por parte de la crítica y el resto de artistas.

Pero, la lucha constante para obtener el reconocimiento artístico de las mujeres estaba condicionada por ciertos criterios que debían de cumplir, sin tener en cuenta su estatus social. Ejemplos como, pintar o esculpir a partir de cánones muy concretos impartidos en las escuelas o ajustarse a géneros como las flores, bodegones o bodegones. Estilos pictóricos asignados directamente a las mujeres para ajustarse a la “finura” y “delicadeza” que mostraban socialmente.

Todo y las circunstancias, muchas mujeres valientes salieron de estas estipulaciones y representaban tanto escenas históricas, de guerra, retratos, paisajes, marinas; como fue el caso de Flora López Castrillo.

Bien poco se sabe de la pintora antes del 1905, el año que inició sus estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado a Madrid, hasta el 1911. La escuela fue una extensión de las enseñanzas artísticas dirigidas especialmente a mujeres de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, por lo tanto, la educación artística se basaba según los principios académicos herencia de la Escuela de Bellas artes de París.

Muy pronto, Flora destacó por sus paisajes y se convirtió en una de las pocas mujeres artistas de principios del s.XX al dedicarse a este género artístico, principalmente derivada hacia las marinas. Un tipo de género que era más popular entre las mujeres artistas de Francia e Inglaterra.

Desde sus inicios, la pintora resaltó por su estilo propio y característico, de forma que empezó a ganar premios en todos los concursos que se presentaba y de las materias que cursaba. Al finalizar sus estudios obtuvo matrícula de Honor en todas las asignaturas.

Bien pronto, Flora coincidió con el artista valenciano Antonio Muñoz Degrain en sus clases, que vio en ella algo diferente y la invitó a formar parte de los alumnos de su taller particular. A lo largo del tiempo, Flora fue su alumna predilecta del pintor. Según el testigo del pintor consideraba a Flora López su única discípula.

La pintora española siguió los pasos de su maestro a lo largo de los años hasta adaptar y fusionar su estilo simbolista tan característico con la pincelada de Muñoz Degrain.

A partir del 1920, Flora López entra como profesora de dibujo y pintura a la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer destinada a la formación de mujeres para “cumplir” la función de madres y mujeres de casa y que, también, pudieran tener una formación con oficio para ganar sus propios ingresos. El artista impartió clases de arte hasta el 1948 cuando fue forzada a jubilarse en la edad de 70 años.

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